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Hermosas Criaturas.. (Nick y tu) Romantica!! Leanla pleasee!!

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Mensaje  tatyanajonas Mar Abr 05, 2011 4:16 pm

Holaa me llamo Tatyana aunque me llaman Smile lol!
soy nueva aqui, y voy a haceros una adaptación de un libro que leí y me encanto! I love you
No es mio, es de Kami Garcia y Margaret Sthol!
pero yo la haré de Nick y _____ ¿ok? Razz
espero que os guste y qe comentenn!! cheers



Sinopsis:

A los dieciséis años no es extraño sentirse inadaptado. Pero si además has perdido a tu madre en un accidente de tráfico y tu padre vive encerrado en su estudio sin apenas dirigirte la palabra, levantar la cabeza supone todo un desafío. Ése es el caso de Nick Wate Jonas, quien, entre el baloncesto, el apoyo de su entrañable abuela y el refugio que le ofrecen la poesía y sus propios pensamientos, procura pasar mal que bien su vida en el aburrido pueblo de Gatlin, con el firme propósito de, un día, poder escapar de allí. Y eso seguramente hubiera hecho si no hubiera sido por la llegada al instituto de una nueva alumna: una muchacha de cabellos negros, atuendo estrafalario y ojos profundos llamada ______ Duchannes, un bicho tan raro como el propio Nick, si hay que hacer caso a los comentarios de sus compañeros. Así que no es de extrañar que ambos parezcan destinados a encontrarse.

Nick pronto descubrirá que el misterio que se esconde bajo la siniestra apariencia y la actitud de la muchacha es mucho mayor de lo que podría figurarse: _____ posee extraños poderes, fruto de una maldición que pesa sobre su familia desde hace generaciones, y por la que se sabe que deberá pagar cuando cumpla dieciséis. La fecha está cada vez mas cerca, y con ella el día de la verdad para _____. Pero Nick no está dispuesto a abandonarla, y hará cuanto este en sus manos para salvarla, a pesar de la estrechez de miras de los vecinos... y que arriesga su propia vida en el empeño.

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Mensaje  tatyanajonas Mar Abr 05, 2011 4:21 pm

NOTA:


CASTER: seres que conviven con los humanos y ejercen diferentes poderes mágicos. Deriva de la expresión cast a Shell (lanzar un hechizo).
CATACLYST: natural que se ha vuelto hacia la Oscuridad.
EMPATH: caster con una sensibilidad tan especial que es capaz de usar los poderes de otro caster de forma temporal.
HARMER: dañador.
HUNTER: cazador.
ILLUSIONIST: caster capaz de crear ilusiones.
LILUM: quienes moran en la Oscuridad.
MORTAL: humano.
NATURAL: caster con poderes innatos y superiores a los demás de su especie.
SHIFTER: caster capaz de convertir cualquier objeto en otro durante un todo el tiempo que desee.
SIREN: caster dotado con el poder de la persuasión.
SYBIL: caster con el don de interpretar los rostros como quien lee un libro con solo mirar a los ojos.
THAUMATURGE: caster con el don de sanar.

tatyanajonas

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Mensaje  tatyanajonas Mar Abr 05, 2011 4:43 pm

& aquí va el primer capii =) si comentan les subo el segundo si? Cool




1 Capitulo: EN MITAD DE LA NADA
(antes)


Sólo había dos clases de vecinos en nuestra ciudad, según los había clasificado cariñosamente mi padre: < los estúpidos y los catetos> y <aquellos que no son capaces de irse o son demasiado torpes para hacerlo, cuando todo el mundo encuentra la manera de marcharse>. No tenía ni idea de en qué categoría se situaba él, pero nunca tuve el coraje de preguntárselo. Mi padre era un escritor vivíamos en Gatlin, Carolina del Sur, porque era lo que los Wate Jonas habían hecho siempre, desde que mi trastatarabuelo Ellis Wate luchó y murió al otro lado del río Santee en la guerra de Secesión.
Pero la gente de este lugar no la llamaba la guerra de Secesión. Cualquiera con menos de sesenta años la denominaba la guerra entre los Estados, mientras que quienes superaban esa edad la llamaban la guerra de la Agresión del Norte, como si el norte hubiera empujado al sur a la guerra por culpa de una bala de algodón. Todos, eso sí, menos mi familia; nosotros sí la llamabamos la guerra de Secesión.
Una razón más por la cual no podía esperar a marcharme de aquí.
Gatlin no era como esas ciudades pequeñas que se ven en las película, a menos que sea una de hace cincuenta años. Estábamos demasiado lejos de Charleston para tener un Starbucks o un McDonald's. Todo lo que teníamos era un Dary Kin, pues los Gentry eran demasiado tacaños para comprar todas las letras necesarias cuando adquirieron el Dairy King. La biblioteca aún usaba fichas de papel, el instituto tenía pizarras de tiza y la piscina municipal era el lago Moultrie, con su cálida agua marrón.
Se podía ir a ver una peli al Cineplex casi al mismo tempo que salía en DVD, pero había que darse el paseo hasta la escuela universitaria de Summerville. Las tiendas estaban en Main Street, las casa de los ricos en la calle paralela al río y todos los demás vivían al sur de la Ruta 9, donde el pavimento se cuarteaba en trozos de cemento, fatales para andar, pero estupendos para tirarselos a algún pósum cabreado, el animal mas huraño del mundo. Ésas son cosas que nunca muestran las pelis.
Gatlin no era nada complicado; era simplemente Gatlin. Los vecinos, sofocados, vigilaban desde sus porches bajo el calor insoportable a la vista de todo el mundo, pero no podía ser de otra manera, pues jamás había cambiado nada. Al día siguiente comenzarían las clases, mi primer día de segundo curso en el instituto Stonewall Jackson, y ya me sabía de memoria todo lo que iba a ocurrir, dónde iba a sentarme, con quién hablaría, los chistes, las chicas y dónde aparcaría cada uno.
No había sorpresas en el condado de Gatlin. La verdad, éramos un auténtico epicentro en mitad de la nada.
Al menos, eso pensaba yo mientras cerraba mi baqueteada copia de matadero 5, desconectaba el iPod y apagaba la luz en aquella última noche de verano.
Pensándolo bien, no podía haber estado más equivocado.
Había una maldición.
Había una chica.
Y, al final, una tumba.
No lo vi venir de ninguna de las maneras.

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Mensaje  tatyanajonas Mar Abr 05, 2011 6:18 pm

2 Capitulo: SUEÑO MODO ON
(2 de septiembre)



Caía.
Iba en caída libre, precipitándome al vacío.
-¡Nick! -me llamaba ella, y el sonido de su voz bastaba para acelerar mi corazon-. ¡Ayúdame!
También ella se desplomaba en el vacío. Estiré el brazo para cogerla, pero aunque lo alargué cuanto pude, mi mano se cerró vacía. No había tierra alguna bajo mis pies, aunque intentaba abrirme camino en el fango. Nos tocamos con la punta de los dedos y vislumbré chispazos verdes en la oscuridad.
Ella se escurrió entre mis dedos y percibí una sensación de perdida.
Aun retenía ese olor suyo a limones y tomillo, pese a que no había podido sujetarla.
Y no podía vivir sin ella.

Me senté de golpe, intentando recuperar el aliento.
-¡Nick Wate! ¡Levántate! No vayas a llegar tarde a clase el primer dia -escuché gritar a Amma desde el piso de abajo.
Concentré la mirada en un parche de tenue luz que destacaba en la oscuridad. Se oía el tamborileo lejano de la lluvia contra los viejos postigos de estilo colonial. Seguramente llovía y ya era por la mañana. Debía de estar en mi cuarto.
Hacía calor y humedad en el dormitorio a causa de la tormenta. ¿Por qué tenía la ventana abierta?
El corazón me iba a cien. Permanecí tumbado de espaldas en la cama y el sueño se diluyó, como ocurria siempre. Estaba a salvo en mi habitación, en nuestra vieja casa, en la misma chirriantecama de caoba donde habían dormido por lo menos seis generaciones de Wate antes que yo y donde la gente no se caía por agujeros negros de fango, y nunca jamás pasaba nada.
Me quedé mirando el techo de escayola, pintado de color azul cielo para que los abejorros carpinteros no anidaran allí. ¿Qué me estaba pasando? Ese sueño se me repetía desde hacía meses, aunque nunca conseguía recordarlo entero. Siempre me acordaba de la misma parte. La chica caía y yo también, debía sujetarla, pero me resultaba imposible, y le iba a ocurrir algo terrible si se escapaba, pero ahí estaba la cosa: no se podía escapar y no podía perderla. Era como si estuviera enamorado de ella aunque no la conociera. Una especie de amor antes de la primera vista.
Y todo esto parecía una locura, ya que sólo era una chica en un sueño y yo ni siquiera conocía su aspecto. No tenía ni la menos idea de cómo era. Tenía ese sueño desde hacía meses, pero en todo este tiempo no había visto su rostro ni una sola vez, o no podía recordarlo. Mi única certeza era ese sentimiento de angustia en mi interior cuando la perdía. Cuando se me escapaba entre los dedos, el estómago me daba un salto, como cuando uno va a una montaña rusa y el vagón se hunde en el vacío.
Mariposas en el estómago. Vaya metáfora de mierda. Más bien bien parecían abejas asesinas.
Quizá se me estaba yendo la bola o a lo mejor es que me hacía falta ducharme. LLevaba los auriculares puestos y al echarle una ojeada a mi iPod descubrí allí una canción que no reconocí.
Dieciséis Lunas.
¿Qué era eso? La pulsé. Era una melodía evocadora e inquietante. No podía identificar la voz, pero tenía la sensación de haberla escuchado antes.

Dieciséis años, dieciséis lunes,
dieciséis de tus miedos más íntimos.
Dieciséis veces soñaste con mis lágrimas
cayendo, cayendo a lo largo de los años...

Era un poco deprimente, espeluznante... y algo hipnótica.
-¡Nickolas Jerry Wate Jonas! -volvío a gritar Amma por encima de la música.

Apagué el iPod y me senté en la cama, mientras apartaba la colcha. Las sábanas parecían llenas de arena, pero yo sabía de qué se trataba: era polvo, y tenía las uñas manchadas de fango negro, como la última noche que había tenido el sueño.
Arrugué las sábanas y las escondí en la cesta de la ropa sucia bajo la sudadera de deporte que me había puesto el día anterior. Me metí en la ducha e intenté olvidar mientras me frotaba las manos y las últimas briznas de mi sueño desaparecían por el sumidero. Si no pensaba en ello, era como si no hubiese ocurrido. Ésa había sido mi actitud ante las cosas durante los últimos meses.
Pero en lo referente a ella. Eso no podia evitarlo: siempre estaba pensando en ella. Volvía una y otra vez al sueños, inculso aunque no pudiera explicarlo. Se había convertido en mi secreto y no había nada más que hablar. Tenía dieciséis años y me había enamorado de una chica que no existía; estaba perdiendo la cabeza poco a poco.
Daba igual con cuánta fuerza me frotara , no podía reprimir el latido alocado de mi corazon. Y seguía oliendo a limones por encima del aroma del jabón Ivory y el champú Stop & Shop. Sólo un poco, pero ahí estaban.
Limones y tomillo.

Bajé las escaleras hacia la tranquilizadora cotidianeidad de las cosas. En la mesa del desayuno, Amma había colocado delante de mí un plato de la misma vieja vajilla de porcelana azul y blanca -la porcelana de los dragones, como la llamaba mi madre- lleno de huevos fritos, beacon, tostadas con mantequilla y sémola de maiz. Amma, nuestra asistenta, era para mí un poco como una abuela, salvo que era más lista y tenía peores pulgas que mi abuela de verdad. Prácticamente me había criado y se había tomado como una misión personal hacerme crecer otros treinta centímetros más, a pesar de que ya medía cerca de metro noventa. Sin embargo, esa mañana, cosa extraña, yo tenía mucha hambre, como si no hubiera comido en una semana. Engullí un huevo y dos trozos de beacon y me sentñi mejor. Le sonreí con la boca llena.
-No me agobies, Amma. Es solo el primer día de insituto. -Me plantó delante con un golpe un vaso gigante de zumo de naranja y otro mas grande de leche, leche entera, la única que bebíamos por alli-.¿No queda batido de chocolate?
Yo consumía batidos de chocolate con la misma facilidad que otra gente bebía Coca-Cola o café. Ya desde por la mañana ansiaba pegarme mi siguiente chute de azúcar.
-A.C.O.S.T.U.M.B.R.A.T.E.-Amma tenía una entrada de crucigrama apropiada para cualquier cosa, cuanto más largas mejor, y le gustaba usarlas. La manera en que las deletreaba letras por letra hacía que las sintiera en la cabeza como un golpe tras otro, una y otra vez-. Ya sabes, será mejor que te hagas a la idea. Y no te vayas a creer que pondrás un pie fuera de esta casa sin antes haberte bebido la leche.
-Si, señora.
-Ya veo lo elegante que vas.
Pero eso no era cierto. Llevaba unos vaqueros desgastados y una camiseta deslucida, como la mayoría de los días. Eso sí, todas tenían leyendas diferentes y en ésta ponía: <Harley Davidson>. Y llevaba las mismas Chuck Taylors negras que usaba desde hacía ya tres años.
-Pensé que ibas a cortarte ese pelo.
Lo dijo como echándomelo en cara, pero yo me di cuenta de lo que era en realidad: nada más y nada menos que sincero cariño.
-¿Y cuando he dicho yo eso?
-¿Acaso no sabes que los ojos son la ventana del alma?
-A lo mejor es que yo no quiero que nadie mire dentro de la mía.
Me castigó con otro plato de beacon. Amma apenas alcanzaba el medio y medio, y probablemente era mas vieja que la misma porcelana de los dragones, a pesar de lo cual insitía en todos sus cumpleaños en que solo había cumplido cincuenta y tres. Pero no sólo era una afable señora mayor, sino que además constituía la máxima autoridad en mi casa.
-Bueno, no creas que te vas a ir con el pelo mojado con el tiempo que hace. No me gusta el aspecto de esta tormenta. Es como si flotara algo maligno en el viento y no hay forma de cambiar un día así. Tiene voluntad propia.
Puse los ojos en blanco. Amma tenía una visión peculiar de las cosas. Cuando estaba de ese estado de ánimo, mi madre solía decir que se había puesto <oscura>, ya que mezclaba la religión con la superstición, de ese modo tan particular del sur. Así que cuando se ponia <oscura>, lo mejor era no cruzarse en su camino. También era conveniente dejar sus hechizos en los alféizares de las ventanas y las muñecas que hacía, en sus cajones correspondientes.
Me metí en la boca otro tenedor cargado de huevo y me acabé aquel desayuno de campeón: Huevos, jamón y beacon, todo aplastado dentro de un sándwich tostado. Mientras me lo metía en la boca, eché una ojeada pasillo abajo, como de costumbre. La puerta del estudio de mi padre estaba cerrada. Solía escriobir por la noche y dormía en el viejo sofá que tenía ahí dentro durante todo el dia. Así había sido desde la muerte de mi madre en abril. Igual podría haberse convertido en un vampiro; al menos, eso era lo que había dicho la tía Caroline cuando pasó con nostros la primavera. Probablemente había perdido la oportunidad de verle hasta la mañana siguiente. Una vez que se cerraba esa puerta, no volvía a abrirse.
Escuché un bocinazo procedente de la calle. Era Link. Cogí mi raída mochila negra y sali disparado por la puerta hacía la lluvia. Lo mismo podían haber sido las sieta de la tarde que de la mañana, tan oscuro estaba el cielo. El tiempo llevaba así de chungo desde hacía unos cuantos días.
El coche de Link, el Cacharro, estaba en la calle, con el motor petardeando, y la música a toda leche. Había ido a la escuela con Link desde el jardín de infancia, cuando nos hicimos muy amigos a raíz de que él me diera su Twinkie en el autobús. Sólo más tarde me di cuenta de que antes se le había caído al suelo. Aunque los dos no habíamos savado el carné de conducir ese verano, Link era el único que tenia coche, si se le podía llamar coche a aquello.
Al menos, el ruido del motor ahogaba el estruendo de la tormenta. Amma permaneció en el porche con los brazos cruzados en un gesto desaprobador.
-Aquí no pongas esa música tan alta, Wesley Jefferson Lincoln. No te creas que voy a dejar de llamar a tu madre para contarle a tu madre lo que hiciste durante todo el verano en el sótano cuando tenías nueve años.
Link se estremeció. No había mucha gente que le llamara por su nombre completo, salvo su madre y Amma.
-Sí, señora.
La contrapuerta se cerro de un portazo. Link se echó a reír e hizo patinar las ruedas en el asfalto mojado mientras nos separábamos del bordillo. Era como si estubiéramos fingiendo una fuga. que era como solía conducir él, por eso era algo que jamás habíamos hecho.
-¿Qué fue lo que hiciste en mi sótano cuando tenías nueve años?
-¡Qué fue lo que no hice en tu sótano cuando tenía nueve años!
Link bajó el volumen de la música, lo cual estuvo bien pues era espantosa, seguramente para preguntarme si me gustaba, cosa que hacía todos los días. La tragedia de su banda, Quién Disparó a Lincoln, consitía en que ninguno de sus miembros sabía tocar un instrumento ni cantar. Sin embargo, Link no hacía más que hablar de tocar la batería con el grupo y marcharse a Nueva York después de la graduación para intentar conseguir cosas que probablemente no llegarían a sudecer nunca. Tenía más posibilidades de encestar un triple borracho y con los ojos vendados desde el aparcamiento del gimnasio.
Link no tenía pensado ir a la universidad; sin embargo, me llevaba ventaja. Sabía que hacer, aun cuando fuera a largo plazo. Todo lo que yo tenía era una caja de zapatos llena de folletos de universidades que jamás podría enseñarle a mi padre. No me importaba dónde estubieran esas facultades, mientras fuera al menos a varios miles de kilómetros de Gatlin.
Flanqueban la calle dos largas hileras de casas victorianas que chorreaban agua; tenían el mismo aspecto que cuando las costruyeron hacía más de cien años. A mi calle le habían puesto el nombre de Cotton Bend porque estas viejas casonas daban la espalda a miles y miles de plantaciones de algodón. Ahora daban la espalda a la Ruta 9, que era prácticamente casi lo único que había cambiado por aquí.
Cogí un donut rancion de la caja que había en el suelo del coche.
-Oye, ¿ anoche me bajaste una canción muy rara al iPod?
-¿Qué cancion? ¿Podría ser ésta?
Link puso la última maqueta que habían gravado.
-Creo que tendrías que trabajarla un poco más. Como todas las demás.
Eso era lo que le decía todos los días, mas o menos.
-Oye, tú, los mismo te tienes que arreglar un poco la cara después de que te dé un buen par de guantazos.
Y eso era lo que él solía responderme todos los días, mas o menos.
Pasé las canciones de la lista de reproducción.
-Creo que la canción se llama Dieciséis lunas.
-No sé de qué me estas hablando.
No estaba allí. La canción había desaparecido pese a que la había escuchado justo esa mañana. Estaba seguro de no haberlo imaginado, pues aún la tenía en la cabeza.
-Si quieres escuchar una canción, espera a oír ésta.
Link bajó la vista para buscarla.
-Oye, tío, mantén los ojos en la carretera.
Pero él no alzó la mirada y por el rabillo del ojo vi pasar un extraño coche justo delante de nosotros...
Durante un segundo los sonidos de la calle, la lluvia y Link se diluyeron en el silencio y pareció como si todo sucediera a cámara lenta. No podía apartar los ojos del vehículo. Era sólo una sensación, nada que pudiera describirse con exactitud. Y entonces pasó junto a nosotros, girando en dirección contraria.
No reconocí el coche, jamás lo había visto antes. Es imposible imaginarse lo raro que es eso, porque conocía todos los automóviles del pueblo. A nadie se le ocurriría correr el riesgo durante la época de huracanes.
Era largo y negro como un coche fúnebre. En realidad, estaba casi seguro de que lo era.
A lo mejor era un mal presagio. Quizás este año todavía iba a ser peor de lo esperado.
-Aquí la tienes: Banbana negra. Esta canción me va a convertir en un estrella.
El coche ya había desaparecido cuando él alzó la vista.

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Mensaje  Aliss_jonas Mar Abr 05, 2011 11:30 pm

hola! soy tu primera lectora, tu nobe esta genial...siguela
Like a Star @ heaven
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Mensaje  tatyanajonas Mar Abr 05, 2011 11:43 pm

no os gusta? confused scratch
bueno subire el tercero y si no comentais... la dejare Sad Sad
espero que si comenten y no tener que dejarlaa.. Rolling Eyes
bueno ahi les vaa =)

3 Capitulo: UNA CHICA NUEVA
(2 de septiembre)



Ocho calles. Ésa era toda la distancia que mediaba entre Cotton Bend y Jackson High. Si tuviera que vivir de nuevo toda mi vida, probablemente me la pasaría subiendo y bajando estas ocho calles, y desde luego en aquel momento fueron suficientes para quitarme de la cabeza el extraño coche fúnebre negro. Quizá por eso no se lo mencioné a Link.
Pasamos por el Stop & Shop, conocido también como el Stop & Steal. Era la única tienda del pueblo y lo más cercano que teníamos a un 7-Eleven. Así que cada vez que quedaba en la puerta con mis amigos, lo hacía con la esperanza de no tropezarme con la madre de alguno que comprara comida o, peor aún, con Amma.
Distinguí el Grand Prix que me resultaba tan familiar aparcado justo delante.
-Oh,oh. Fatty ya ha acampado por aquí.
Estaba sentado en el asiento del conductor, leyendo Barras y Estrellas.
-Quizá no nos haya visto.
Link miró por el retrovisor, tenso.
-Nos han fastidiado.
Fatty era el encargado del instituto Stonewall Jackson para controlar a los que hacían pellas, además de un orgulloso miembro de la fuerza policial de Gatlin. Su novia, Amanda, trabajaba en el Stop & Steal, y él aparcaba allí muchas mañanas a la espera de que salieran los productos de la panadería. Y eso era de lo mas inconveniente si uno siempre llegaba tarde, como nos solía pasar a Link y a mí.
Desde luego, no podías matricularte en el Jackson sin conocer las rutinas de Fatty tan bien como el horario de las clases. Fatty nos hizo señas para que siguieramos adelante sin levantar siquiera la vista de la sección de deportes. Por hoy, nos dejaba pasar.
-Sección de deportes y un bollo pegajoso. Ya sabes lo que eso significa.
-Si, que nos quedan cinco minutos.

Aparcamos el Cacharro en el parking del instituto en punto muerto, con la esperanza de pasar desapercibidos ante el control de faltas, pero fuera diluviaba, así que cuando entramos en el edificio estábamos empapados y nuestras zapatillas hacían tanto ruido que, de todas formas, nos hubiera dado igual quedarnos alli parados.
-¡Nick Wate! ¡Wesley Lincoln!
Permanecimos de pie en la oficina, chorreando, esperando nuestro parte de castigo.
-Ya empezamos llegando tarde el primer día de curso. Señor Lincoln, su madre va a tener unas palabritas con usted. Y no ponga esa sonrisita de suficiencia, señor Wate, Amma le va a moler a palos.
La señorita Hester tenía razón. Amma no iba a tardar ni cinco minutos en enterarse de que había llegado tarde, si es que no se había enterado ya. Asi funcionaban las cosas por aquí. Mi madre solía decir que Carlton Eaton, el jefe de la estafeta de correos, leía todas las cartas que consideraba medianamente interesantes, y ni siqiera se molestaba en sellarlas de nuevo después. Tampoco es que hubiera muchas noticias que lo merecieran. Todas las familias tienen sus secretos, pero todos en la calle las conocían, igual que sus secretos.
-Señorita Hester, es que venía conduciendo despacio porque llovía mucho.
Link echó mano de su encanto, a ver qué pasaba, pero la señorita Hester se bajó las gafas un poco y le devolvió la mirada sin parecer encantada en absoluto. La cadenita que llevaba en torno al cuello para sujetar las gafas se balanceó.
-No puedo perder el tiempo charlando con vosotros, chicos. Estoy ocupada rellenando vuestros partes de falta, así que ya sabéis dónde pasaréis la tarde: aquí castigados -dijo mientras nos daba a cada uno un papel de color azul.
Ya lo creo que estaba ocupada. Se olía ya la laca de uñas incluso antes de que torcieramos en la esquina.
Bienvenidos.

El primer día de clase siempre es igual en Gatlin. Los profesores, que nos conocian a todos de la iglesia, decidían que eres listo o torpe en cuanto pisabas la guardería. Yo era listo porque mis padres eran profesores. Link era idiota porque había arrugado las paginas de la Biblia durante la <búsqueda de la frase bíblica>, además de vomitar una vez en la fiesta de navidad. Y como yo era listo, sacaba buenas notas en los exámenes; y como él era el tonto, las sacaba malas. No creo que nadie se molestara siquiera en leerlos. Algunas veces escribía algunas cosas a voleo en mitad de mis ejercicios sólo para comprobar si mis profesores me decían algo. Jamás me dijeron nada.
Por desgracia, no se aplicaba el mismo principio a los tests. En la clase de inglés de primera hora, descubrí que la profesora, de setecientos años de edad, cuyo nombre era, aunque parezca increíble, señora English, esperaba que nos hubiéramos leído Matar a un ruiseñor durante el verano, así que suspendí la primera prueba. Genial. Me había leído el libro hacía por los menos dos años, pues era uno de los favoritos de mi madre, pero había pasado muxo tiempo y me equivoqué en los detalles.
Hay algo que pocos saben de mí: me paso todo el tiempo leyendo. Los libros eran lo único con lo que podía evadirme de Gatlin, aunque sólo fuera durante un rato. Tenía un mapa en la pared de mi cuarto y cada vez que leía sobre un lugar que me gustaría conocer lo marcaba en él. El guardian entre el centeno me había mostrado Nueva York. Hacia rutas salvajes me condujo a Alaska. Cuando leí En el camino añadí Chicago, Denver, Los Angeles y Ciudad de México. Kerouac te podía llevar a casi cualquier sitio. Cada pocos meses, trazaba una línea para unir los puntos. Una fina línea verde que seguiría en una viaje por carretera el verano anterior a la universidad, si es que alguna vez conseguía salir de este pueblo. Me guardaba para mí solo lo del mapa y la lectura. En este lugar, los libros y el baloncesto resultaban una mala combinación.
En química no me fue mucho mejor. El señor Hollenback me condenóa ser compañero de laboratorio de Emily <Anti-Nick>, también conocida como Emily Asher, que se había jurado despreciarme toda la vida desde el baile del año pasado, cuando cometí el erros de ponerme mis zapatillas Chuck Taylor con el esmoquin y dejé que mi padre nos llevara en el Volvo oxidado.
Tenía una ventana rota que no podía subirse, de modo que el aire le alborotó su rubio cabello perfectamente peinado con rizos para el baile de graduación; cuando llegamos al gimnasio, parecía María Antonieta recién salida de la cama. Emily no me dirigió la palabra durante el resto de la noche y envió a Savannah Snow para dejarme plantado a tres pasos de la fuente de ponche.
Ése fue el final de la historia.
Aquella situación era un tema inagotable de diversión para los chicos, que todavía esperaban que volviéramos a ir juntos. Lo que ellos no sabían era que a mí no me iban las chicas como Emily. Era guapa, pero eso era todo. Y mirarla no me compensaba de tener que escuchar lo que salía de su boca. Yo quería algo distinto, alguien con quién pudiera charlar de otras cosas que no fueran fiestas y quién iba a ser coronado en el baile de invierno.
Una chica que fuera lista, o divertida, o almenos una compañera decente de laboratorio.
Quizás una chica como esa no fuese más que un sueño, pero desde luego cualquier sueño es mejor que una pesadilla, aunque ésta lleve una falda de animadora.
Sobreviví a la clase de química, pero mi día empeoró a partir de ese momento. Al parecer, este año tenía que estudiar de nuevo la historia de Estados Unidos, que era la única historia que se enseñaba en el Jackson, con lo cual sobraba el añadido. Me pasaría mi segundo año consecutivo estudiando la guerra de la Agresión del Norte con el señor Lee, que no estaba emparentado con el famoso general, pero, según lo que habíamos descubierto a estas alturas él y el famoso líder confederado eran uno solo en espíritu. El señor Lee era uno de los pocos profesores que me odiaban de verdad. El curso anterior, Link me había retado a que escribiera un ensayo titulado La guerra de la Agresión del Sur, y me suspendió. Al parecer, después de todo, algunas veces los profesores si se leían los trabajos.
Encontré un asiento al final de la clase al lado de Link, que estaba ocupado copiando los apuntes de cualquier clase anterior que se hubiera pasado roncando; sin embargo, dejó de escribir en cuanto me senté.
-Tío, ¿lo has oído?
-¿Oír el qué?
-Hay una chica nueva en el instituto.
-Hay una tonelada de chicas nuevas, imbécil, una clase entera de novatas.
-No estoy hablando de las novatas, sino de la chica nueva de nuestra clase.
En cualquier instituto, la llegada de una nueva alumna a la clase de segundo sería toda una noticia, pero esto era el Jackson, y no había llegado nadie al instituto desde tercer grado, cuando Kelly Wix se mudó con sus abuelos después de que su padre fuera arrestado por regentar un negocio de juego en el sótano de su casa en Lake City.
-¿Quién es?
-No lo sé. He tenido educación cívica a segunda hora con los colgados de la bande de música y ellos no sabían nada salvo que toca el violín y algo así. Me pregunto si estará buena.
La mente de Link era como un disco con una sola pista, como la de la mayoría de los chicos. La diferencía estribaba en que la pista de Link terminaba directamente en su boca.
-Vaya, ¿es una de las piratas de la banda?
-No. Se dedica a la música. Quizá comparta conmigo mi amor por la música clásica.
-¿Música clásica?
La única música clásica que había oído Link en su vida había sido en la consulta del dentista.
-Ya sabes, tío, los clásicos. Pink Floyd, Black Sabbath, los Stones...
Me eché a reír.
-Señor Lincoln. Señor Wate. Siento interrumpir su conversación, pero me gustaría empezar la clase, si les parece bien.
El tono del señor Lee era tan sarcástico como el año pasado y su aspecto, con el pelo repeinado y grasiento y la cara picada, igual de malo. Nos repartió copias del mismo programa que debía llevar usando por lo menos diez años. Este año se exigía participar en un acto recreacionista de la guerra de Secesión.
Pues no faltaba mas, sólo tenía que pedirle prestado un uniforme a uno de mis parientes de los que participan en las celebraciones recreacionistas los fines de semana. Mira qué suerte.
Después de que sonara el timbre, Link y yo nos retrepamos en el vestibulo al lado de nuestras taquillas con la esperanza de echarle una buena ojeada a la chica nueva. Era para oírle: ella iba a ser su futura amiga del alma, colega de su banda, y me recitó toda una serie de afinidades de las qe no me apetecía oírle hablar. Pero a la única cosa que conseguimos echarle una ojeada fue al buen trozo de Charlotte Chase que dejaba ver una falda vaquera dos tallas mas pequeña de la que necesitaba. Lo cual significaba sin duda que no íbamos a pillar nada más antes del almuerzo, porque nuestra próxima clase era lenguaje de signos americano y no se permite hablar de manera bastante estricta. Nadie era tan bueno con los signos como para deletrar <chica nueva>, especialmente porque esa clase era la única en la que coincidiamos con el resto del equipo de baloncesto del Jackson. Llevaba en aquel equipo desde octavo, cuando crecí quince centimetros durante el verano y al final me quedé una cabeza por encima de todos los demás de mi clase. Además, uno está obligado a hacer algo normal cuando sus dos padres son profesores. Y mira por donde, yo era bastante bueno en el baloncesto. Siempre parecía saber dónde iban a lanzar la pelota los jugadores del otro equipo, lo cual me había valido un asiento en la cafetería todos los días. Y en Jackson, eso costaba lo suyo.
Ese día el asiento había ganado aún mas valor porque Shawn Bishop, nuestro base, ya había visto a la chica nueva. Link le preguntó lo único que les importaba a todos.
-Entonces, ¿está buena?
-Muy buena.
-¿Tan buena como Savannah Snow?
Como si estuviera sincronizada con su nombre, Savannah, el modelo por el cual se medían el resto de las chicas del jackson, entró en la cafetería, cogida del brazo de Emily <Anti-Nick>, y todos nos volvimos a mirar porque Savannah tenía el metro y medio mas perfecto de piernas que habíamos visto en nuestra vida.
Emily y Savannah eran casi una sola persona, incluso aunqe no vistieran con los uniformes de animadoras. Ambas llevaban el pelo rubio, con mechas de la peluquería, chancletas y unas faldas vaqueras tan cortas que podrían pasar por cinturones. Lo mejor de Savannah eran las piernas, pero la parte superior del bikini de Emily era la destinataria de miradas de todos los chicos en el lago durante el verano. Nunca las veías con libros, sólo unos diminutos bolsos metalizados apretados bajo el brazo, donde apenas cabía el móvil, y eso para las pocas ocasiones en las que Emily dejaba de mandar mensajes con él.
Las diferencias se reducían a las posiciones que ocupaban en el equipo de animadoras. Savannah era la capitana y hacía la base: era una de las chicas que sostenía dos filas de animadoras en la famosa piramide de las Wildcats, sistema de animación al que se había sumado el instituto Jackson. Emily era saltadora, una de las chicas que coronaban la piramide, y a la que lanzaban un metro o dos por los aires hasta completar una voltereta o cualquier otra alocada pirueta acrobática de las que podrían terminar facilmente con el cuello roto. Pese a lo cual, Emily seguiría arriesgándolo todo por estar en lo alto de esa pirámide continuaba tal cual, pero si Savannah se movía un centimetro, todo aquello se venía abajo.
Emily <Anti-Nick> se dio cuenta de que la estábamos mirando y puso cara de pocos amigos. Los chicos se echaron a reír. Emory Watkins me dio una palmada en la espalda.
-En el pecado esta la penitencia, Wate. Ya conoces a Emily: quien bien te quiere te hará sufrir.
Hoy no tenía ganas de pensar en Emily, sino justo todo lo contrario. Desde el momento en que Link me habló de ella, algo me había llamado la atención en esa chica nueva, y era la posibilidad de que hubiera alguien diferente procedente de un sitio distinto. Quizás alguien con una vida mejor que la nuestra, y que la mía en especial.
Incluso alguien con quien hubiera soñado. Sabía que no era más que una fantasía, pero quería creermela.
-Oye, ¿habéis oído hablar de la chica nueva?
Savannah se sentó en el rgazo de Earl Petty, que era el capitán de nuestro equipo y su novio de quita y pon. En este momento, estaban juntos. Él deslizo las manos por sus piernas de color anaranjado, hasta tan arriba que uno no sabía dónde mirar.
-Shawn nos estaba informando. Dice que esta buena. ¿La vas a incluir en el grupo de animadoras? -preguntó Link mientras cogía de mi bandeja un par de patatas Tater Tots.
-No lo creo. Tendríais que ver la ropa que lleva.- Golpe numero uno-. Y lo pálida que está. -Golpe numero dos.
Según Savannah, una chica nunca estaba lo suficientemente delgada o lo bastante bronceada.
Emily se sentó al lado de Emory, inclinandose de una manera algo excesiva sobre la mesa.
-¿Y os ha dicho quién es?
-¿A qué te refieres?
Emily hizo una pausa para dar dramatismo a su comentario.
-Es la sobrina del Viejo Ravenwood.
Pero la verdad es que no hacía falta hacer esa pausa alguna esta vez, pues fue como si me hubiera aspirado el aire de la habitación. Un par de chicos se echaron a reir porque pensaron que estaba de broma, pero yo sabía que no. Golpe numero tres.
Ya la habian rechazado. Y eso la alejaba tanto de mí que probablemente no llegaría ni a verla. La posibilidad de que apareciera la chica de mi sueño se desvaneció incluso antes de que pudiera hacerme a la idea de cómo sería nuestra primera cita. Había quedado condenado a tres años mas de chicas como Emily Asher.
Macon Melquisedec Ravenwood era un tipo del pueblo que vivia confinado en su casa. Digamos que yo recordaba lo suficiente de Matar a un ruiseñor para ser consciente de que el Viejo Ravenwood hacía que Boo Radley pareciera una mariposilla. Vivía en una vieja casa en ruinas en la plantación más antigua e infame de Gatlin, y no creo que nadie en el pueblo le hubiera visto al menos desde que yo nací, o incluso antes.
-¿Lo dices en serio? -preguntó Link.
-Completamente. Carlton Eaton se lo djo ayer a mi madre cuado le trajo el correo.
Savannah asintió.
-Mi madre ha escuchado lo mismo. Se ha mudado a vivir con el Viejo Ravenwood hace un par de días, viene de Virginia o Maryland, no me acuerdo.
Todos continuaron hablando de ella, de su ropa, su pelo, su tío y del bicho raro que probablemente era. Eso era lo que más odiaba de Gatlin, el modo en que todo el mundo se dedicaba a comentar lo que habías dicho, o hecho, o como en este caso, vestido. Me quedé mirando los fideos de mi bandeja, bañados en ese flojo liquido de color naranja que no tenía mucho parecido con el queso.
Me quedaban dos años y ocho meses, contando desde ese momento. Tenía que salir como fuera de este pueblo.

El gimnasio se usaba después de las clases para los ensayos de las animadoras. Ya no llovia, de modo que los entrenamientos de baloncesto tenían lugar en la pista exterior, con su cemento agrietado, los bordes levantados y aún cubierto de charcos de agua debido a la lluvia que había caído por la mañana. Había que andar con mucho cuidado para no darse un golpe en una fisura del tamaño del Gran Cañón situada en el medio. Aparte de eso, desde allí se podía ver casi todo el aparcamiento y se podía observar desde la primera fila la vida social del instituto mientras calentabas.
Hoy estaba en racha llevaba siete de siete desde la linea de tres, pero también Earl, que me seguía lanzamiento tras lanzamiento. Un silbido al aire. Ocho. Parecía que me bastaba mirar a la canasta para que entrara la pelota. Algunos días las cosas salen así.
Otro silbido. Nueve. Earl estaba cabreado. De hecho, cada vez que yo tiraba, botaba la pelota con más energía contra el suelo. El era el otro pívot alto. Nuestro acuerdo tácito era que yo le dejaba estar en la primera fila a cambio de que no me diera la brasa si no me apetecía quedarme en el Stop & Steal todos los días despues del entrenamiento. Estaban contadas las formas en las que puedes hablar siempre de las mismas chicas y la cantidad de salchichcas Slim Jims que te puedes comer.
Silbido. Diez. No podía fallar. Quizá fuera sólo cosa de la genetica, o quizás había algo mas. No me había dado cuenta, pero había dejado de intentarlo cuando murió mi made; después de todo, era increíble que siguiera entrenando.
Silbido. Once. Earl gruñó algo a mis espaldas y botó con mas fuerza. Intente no sonreír y le eché una ojeada al aparcamiento mientras lanzaba el tiro siguiente. Vi una maraña de pelo negro largo detrás de la rueda de un coche negro y largo.
Un coche funebre. Me estremecí.
Entonces ella se volvió y observe a través de la ventanilla a una chica qu miraba en mi dirección, o al menos creí haberla visto. La pelota chocó contra el aro de la canasta y salio despedida por encima de la verja. Detrás de mi, escuche ese sonido tan familiar.
Silbido. Doce. Earl Petty podía relajarse por fin.
Cuando el coche pasó, miré la cancha. Todos los chicos se habían quedado observando como si hubieran visto un fantasma.
-¿Esa era...?
Billy Watts, nuestro alero, asintió y se subió con una sola mano encima de la verja.
-Si, la sobrina del Viejo Ravenwood.
Shawn le lanzó la pelota.
-Exactamente como nos lo habían contado: conduce su propio coche funebre.
Emory sacudió la cabeza.
-Pues está buena de verdad. Que desperdicio.
Todos volvieron al juego, pero cuando Earl fue a lanzar otra vez, comenzo a llover. Treinta segundos mas tarde nos atrapó el aguacero, la lluvia más intensa que habíamos visto en todo el día. Me quedé alli, dejando que las gotas me golpearan. El pelo mojado se me metía en los ojos y no podía ver el resto del colegio, ni al equipo.
El mal presagio no era solo el coche funebre, sino también la chica.
Durante unos cuantos minutos había sentido auténticas esperanzas de que quizás este año no fuera como los demás, y que algo cambiara. Que hubiera alguien con quien poder hablar, con quien me sintiera bien.
Pero todo lo que tenía era un buen día en la cancha, y eso nuna había sido suficiente....




Spero que os guste!! y qe comenteis
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Mensaje  tatyanajonas Miér Abr 06, 2011 12:04 am

Aliss_jonas escribió:hola! soy tu primera lectora, tu nobe esta genial...siguela
Like a Star @ heaven


Hooolaa!! cheers
Graciias espero que te gussteee Embarassed
he subiido el 3 caaap Like a Star @ heaven Like a Star @ heaven

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Mensaje  tatyanajonas Miér Abr 06, 2011 12:04 pm

Hooolaaa flower
bueno veo qe la leeis pero no comentais..
jeje ni siquiera spam? Sad
bueno en un rato les subire al 4 capi Razz
son bastantes largos... y los cortare por la mitad jejej
okeei? Wink
muaaaaaksss!! Cool

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Mensaje  tatyanajonas Miér Abr 06, 2011 5:16 pm

4 Capitulo: UN AGUJERO EN EL CIELO (1/2)
(2 de septiembre)


Al llegar, encontré en la cocina un plato de pollo frito congelado con mala pinta, puré de patata y judías verdes en salsa, además de unos panecillos, tal cual Amma los había dejado. Generalmente me mantenía la cena caliente hasta que regresaba del entrenamiento, pero, por lo visto, hoy no. Tenñia un buen problema. Amma estaba furiosa y comía bastones de caramelo con sabor a canela Red Hots, sentada a la mesa mientras garabateaba el crucigrama del New York Times. Mi padre se había suscrito en secreto a la edición del domingo, porque los crucigramas del Barras y Estrellas tenían demasiados errores y los del Reader's Digest eran demasiado cortos. No sé cómo conseguía colárselos a Carlton Eaton, que se habría encargado de hacer toda la población que nos creíamos demasiado buenos para el Barras y Estrellas, pero no había nada que mi padre no hiciera por Amma.
Deslizó el plato en mi dirección, mirándome pero sin llegar a verme de verdad. Me metí un bocado de puré de patata y pollo en la boca. No había nada que Amma odiara mas que dejar la comida en el plato. Intente mantenerme a distancia de la punta del lápiz negro del numero 2 que usaba sólo para los crucigramas y que estaba tan afilado que casi podía derramar sangre con el. Esta noche no me cabía duda alguna.
Escuché el rápido golpeteo de la lluvia en el tejado. No se oía nada más en la habitacion. Amma dió un golpe con el lápiz en la mesa.
-Nueve letras. <Reluido o penalizado por cometer una fechoría.> -Lanzó otra mirada en mi dirección. Me metí otra cucharada en la boca de puré de patata. Y sabñia lo que se me venía encima: el nueve horizontal-. C.A.S.T.I.G.A.D.O. O sea, sancionado. Es decir, que si no eres capaz de llegar a clase a tu hora, ya puedes ir pensando en irte de esta casa.
Me pregunté quén la habría llamado para decirle que había llegado tarde, o mejor aún, quién no la habría llamdo. Volvió a sacar punta al lápiz, aunque no lo necesitaba, metiéndolo en el afilador de forma significativa, lo que era aún peor que si me hubiera mirado fijamente a los ojos.
Me acerqué a ella y le pasé el brazo por encima, dándole un buen achuchón.
-Venga ya, Amma. No seas así. Esta mañana estaba diluviando, no querrías que corrieramos como locos bajo la lluvia, ¿no?
Alzó una ceja, pero su expresión se suavizó.
-Bueno, pues me da la impresión de que va a llover desdes ahora hasta el día en que te dé por cortarte el pelo, así que será mejor que encuentres el modo de llegar a la escuela antes de que suene el timbre.
-Si, señora.-Le di un achuchón mas y me encaminé de nuevo hacia el gélido puré de patata.-No te vas a creer lo que ha pasado hoy. Tenemos una chica nueva en clase.
No sé porque dije aquello, quizá porque aun no lo tenía metido en la cabeza.
-¿Crees que no me he enterado de lo de _____ Duchannes?
Casi me atraganté con el pan. _____ Duchannes. En el sur se pronunciaba de un modo que rimaba kon <lluvia> y, tal cual lo decía Amma, parecía como si la palabra hubiera adquirido una sílaba extra. *Du-key-yein*.
-¿Ése es su nombre? ¿_____?
Amma empujó un vaso de batido de chocolate hacía mi dirección.
-Sí y no, y además no es asunto tuyo. No te voy a dejar que andes enredado con cosas de las que no tienes ni idea, Nick Wate.
Amma siempre hablaba con acertijos y nunca explicaba nada más. Yo no había ido a su casa en Wader's Creek desde que era un crío, pero sabía que la mayor parte del pueblo sí lo había hecho. Amma era la lectora de cartas de tarot más respetada en cien kilómetros a la redonda, igual que su madre antes que ela y su abuela antes aún, hasta seis generaciones de lectoras de tarot.
Gatlin estaba lleno de baptistas, metodistas y pentecostalistas temerosos de Dios, pero ninguno de ellos podía resistir a la tentacíon de las cartas, la posibilidad de cambiar el curso de su propio destino, puesto que eso era lo que se pensaban que podía hacer un lector con poderes. Y, desde luego, Amma era toda una fuerza a tener en cuenta.
Algunas veces hallaba alguno de sus hechizos caseros en el cajón de los calcetines o colgado en la puerta del estudio de mi padre. Sólo una vez le pregunté que era aquello. Mi padre le gastaba bromas cada vez que encontraba uno, pero me di cuenta de que no los quitaba de la circulación. <Mejor respetarlos que tener que lamentarlo>, decía, y supuse que con esto se refería a respetar a Amma, que podía hacer que lo lamentaras bien lamentado.
-¿Has oído algo más sobre ella?
-Tú a lo tuyo. Un día vas a hacer un agujero en el cielo y el universo se va a caer por ahí. Entonces, estaremos todos metidos en un buen lío.
Mi padre se deslizó en la cocina en pijama. Se sirvió una taza de café y sacó de la despensa un paquete de cereales Shredded Wheat. Aún llevaba colocados los tapones amarillos de cera para los oídos. Cuando cogía los cereales significaba que estaba apunto de comenzar su día, y tuviera los tapones puesto que aún no lo había hecho.
Me incliné y le susurré a Amma:
-¿Qué es lo que has oído por ahí?
Amma se llevó mi plato y lo dejó en el fregadero. Luego limpió algunos huesos que parecían la paleta de cerdo y los colocó en un plato, lo cual me resulto extraño porque habíamos cenado pollo esa noche.
-Eso no es asunto tuyo. Lo que a mí me gustaria saber es por qué estás tan interesado.
Me encogí de hombros.
-No, no mucho, la verdad. Sólo es curiosidad.
-Pues ya sabes lo que dicen de la curiosidad.
Clavó un tenedor en mi trozo de pastel de crema y luego me echó la Mirada antes de irse.
Incluso mi padre notó cómo se balanceaba la puerta de la cocina cuando ella se marchó, y se quitó uno de los tapones para preguntarme:
-¿Qué tal te ha ido en la escuela?
-Bien.
-¿Qué le has hecho a Amma?
-He llegado tarde a clase.
Me estudió la expresión de la cara y yo la suya.
-¿El número 2?
Yo asentí.
-¿Afilado?
-Ya lo estaba, pero, aun así, lo afiló mas.
Suspiré. Mi padre casi llegó a esbozar una sonrisa, lo cual era muy raro. Sentí una especie de alivio, casi como si hubiera logrado algo.
-¿Sabes en cuantas ocasiones he estado sentado a esa vieja mesa mientras ella me amenazaba con el lápiz cuando era niño?
-Me preguntó, aunque realmente no era una pregunta.
La mesa, rayada y manchada de pintura, pegamento y rotulador por todos los Wate que lo habían hecho antes que yo, era uno de los trastos mas viejos de la casa.
Sonreí. Mi padre cogió el bol de cereales e hizo un gesto con la cuchara en mi dirección. Amma había criado a mi padre, un hecho que me habían recordado cada vez que había osado hablarle con descaro cuando era niño.
-M.I.R.Í.A.D.A. - deletreé-
Mientras dejaba caer el bol en el fregadero, él me respondió a su vez:
-I.N.F.I.N.I.D.A.D. O sea, te he ganado, Nick Wate.
Dio un paso hasta que se quedó bajo la luz de la cocina y en ese momento su media sonrisa se redujo hasta desaparecer. Tenía peor aspecto que nunca. Las sombras de si rostro se habían acentuado y los huesos se le distinguían con toda claridad a través de la piel, que había adquirido un color verde pálido al no salir nunca de casa. Hacía meses que parecía una especie de cadáver andante. Se me hacía dificil pensar que era la misma persona que se sentaba conmigo durante horas en las playas del lago Moultrie, comiendo sándwiches de pollo y ensalada y enseñándome como lanzar correctamente al sedal. <A un lado y al otro, a las diez y a las dos. A las diez y a las dos como las manecillas del reloj.> Los últimos cinco meses habían sido muy duros para él; quería de verdad a mi madre. Pero yo también.
Cogió café y regresó a su estudio arrastrando los pies. Era hora de enfrentarse a sus hechos. Quizá Macon Ravenwood no era el único en vivir enclaustrado en la ciudad, y no creía tampoco que cupieran en ella los dos Boo Radleys, pero esto era lo más parecido a una conversación que habíamos tenido en meses y no quería que se marchara.
-¿Qué tal te va con el libro? -le espeté.
En realidad, lo que quería decirle era que se quedara y hablara conmigo.
Él pareció sorprenderse y depués se encogió de hombros.
-Ahí va. Todavía me queda un monton de trabajo.
Eso quería decir que no era capaz de hacerlo.
-La sobrina de Macon Ravenwood se ha mudado a la ciudad.-Dije esto justo después de que él se hubiera puesto los tapones de nuevo. Como siempre, no había forma de sincronizarnos. Pensándolo bien, me estaba pasando eso con todo el mundo en los últimos tiempos.
Mi padre se quitó un tapón, suspiró y luego se quitó el otro.
-¿Qué?
Pero ya había comenzado a dirigirse hacía su estudio. El contador de nuestra conversación estaba en el tiempo de descuento.
-¿Sabes algo de Macon Ravenwood?
-Lo mismo que todo el mundo, supongo. Se comporta como un recluso. Por lo que yo sé, no ha salido de la mansión Ravenwood en años.
Abrió la puerta del estudio y cruzó el humbral, pero yo no le seguí. Me quedé en la entrada.
Jamás había puesto un pie allí dentro. Cuando tenía siete años, me había pillado una vez, solo una, leyendo una novela antes de que terminara de revisarla. Si estudio era un lugar oscuro, aterrador. Había un raído sofá victoriano encima del cual colgaba un cuadro siempre cubierto con una tela. Sabía que no debía preguntar nunca que había debajo de ella. Más allá, junto a la ventana, estaba el escritorio de mi padre, tallado en caoba, otra antigüedad transmitida de generación en generación con la casa. Y los libros, viejos libros encuadernados en piel tan pesados que cuando se abrían era necesario colocarlos sobra un atril enorme.
Estas eran las cosas que nos ataban a Gatlin y también a la propiedad de los Wate, justo como les había ocurrido a nuestros antepasados durante más de cien años.
Su manuscrito reposaba sobre el escritorio. Aquella vez también se encontraba en el mismo lugar, en una caja de cartón abierta, y yo quería enterarme como fuera de lo que contenía. Mi padre escribía novelas de terror gótico, por eso ninguno de sus textos era apropiado para un niño de siete años, pero todas las casa de Gatlin estaban llenas de secretos, como todo el sur, en realidad,y mi casa no era un excepción, ni siquiera entonces. Fue él quien me encontró, acurrucado en el sofá de su estudio, con las paginas esparcidas a mi alrededor como si hubiera estallado uno de mis cohetes de juguete en la caja. Por aquel entonces, no sabía disimular mis trastadas, algo que aprendí con rápidez despues de aquello. Sólo le recuerdo gritándome hasta que apareció mi madre y me encontró llorando en el viejo magnolio que había en el patio. <Algunas cosas son privadas, Nick. Y únicamente para personas mayores>
Yo sólo quería saber. Ése habíña sido siempre mi problema. De hecho, lo seguía siendo. Quería saber porque mi padre nunca salia de su estudio. Quería saber por qué no podiamos marcharnos de esa vieja casa sólo porque había un millon de Wate que habían vivido antes allí, especialemente ahora que mi madre ya no estaba.
Pero no esa noche. Esa noche solo quería recordar los sándwiches de pollo y ensalada, y lo de las diez a las dos, y aquellos momentos en los que mi padre se comía los cereales en la cocina, gastandome bromas. Me quedé dormido mientras recordaba.
Antes de que sonara el timbre al día siguiente, ______ Duchannes se había convertido en el tema del que hablaba todo el mundo en el instituto Jackson. De alguna manera, a pesar de las tormentas y los cortes de luz, Loretta Snow y Eugenie Asher, las madres respectivas de Savannah y Emily, se las apañaron para poner la cena en la mesa y llamar a todo el mundo en el pueblo para que supieran que una pariente loca de Macon Ravenwood circulaba por Gatlin con un coche funebre, un coche que pensaban que aún se usaba para transportar muertos cuando nadie miraba. Y a partir de ahí la cosa fue a mas.
Había dos cosas con las que podias contar en Gatlin. Primero, podías ser diferente, incluso loco, y la gente no iba a pensar que eras el asesino del hacha... siempre y cuando salieras de casa de vez en cuando. Segundo, si había algo que contar, podías estar seguro de que iba a haber alguien que lo contase. Que una chica nueva se mudara a la Mansión Encantada con el enclaustrado de la ciudad, eso sí que era una historia, probablemente la mejor historia de Gatlin desde el accidente de mi madre. Así que no sé por qué me sorprendí cuando vi a todo el mundo hablar de ella, a todos menos a los chicos. Ésos tenían otros asuntos que solucionar primero.
-Entonces, ¿qué es lo que tenemos, Em? -preguntó Link cerrando la puerta de su taquilla de golpe.
-Contando las pruebas para animadoras, parece que unos cuatro ochos, tres sietes y un puñado de cuatros.
Ni siquiera se molestaba en contar a las novatas de primero que no llegaban a puntuar con un cuatro.
Yo también cerré la mía con un golpazo.
-¿Y a eso le llamas noticias? ¿No son las mismas que vemos en el Dary Kin todos los sábados?
Emory me sonrió y me dió una palmada en el hombro.
-Pero ahora están en el juego, Wate. -Paseó la mirada por las chicas que había en el vestibulo-. Y yo también estoy preparado para jugar.
A Emory, sin embargo, se le iba la fuerza por la boca. El año anterior, cuando éramos novatos, se pasaba las horas hablando de las tías buenas veteranas que se iba a tirar, ya que había entrado en el equipo de baloncesto del instituto. Em estaba en la inopia, igual que Link, pero no era tan inofensivo. Tenía una vena mezquina, como todos los Watkin.
Shawn sacudió la cabeza.
-Esto es como querer coger melocotones de una vid.
-Los melocotones crecen en los árboles - le soplé, pues habia terminado por irritarme, quizá porque me habia encontrado antes de clase con los chicos en el mostrador de las revistas del Stop & Steal y me habia visto obligado a sufrir la misma conversación mientras Earl hojeaba los números de la única cosa que leía, esas revistas con chicas en bikini tumbadas sobre el capó de un coche.
Shawn se me quedó mirando confuso.
-¿De qué estas hablando?
Ni siquera sabía por qué estaba molesto. Era una conversación estúpida, tan estúpida como el hecho de que todos los chicos tuviéramos que reunirnos los miércoles por la mañana antes de ir a clase. Era algo que me tomaba como si algiuen pasara lista. Si estabas en el equipo, se esperaba que hicieras unas cuantas cosas. Sentarte con todos los demas en la cafereria, ir a las fiestas de Savannah Snow, pedirle a una animadora que te acompañara al baile y darte una vuelta por el lago Moultrie el último día de colegio. Podías meter la pata en casi cualquier cosa siempre que aparecieras cuando había que pasar lista. No sabía por qué, pero cada vez me costaba mas acudir.
Todavía no había conseguido una respuesta cuando la vi. Incluso aunque no hubiera llegado a verla, lo habría sentido, por que el pasillo, que generalmente estaba atestado de gente que abría las taquillas e intentaba llegar a tiempo a clase antes del segundo timbre, se despejó en cuestión de segundos. Todo el mundo dio un paso hacía atrás cuando ella entró, como si fuera una estrella de rock.
O una leprosa.
Sin embargo, lo que yo vi fue una chica preciosa con una chaqueta de deporte blanca con la palabra <Munich> bordada, sobre un largo vestido gris debajo del cual asomaban unas Converse muy usadas. Llevaba también una larga cadena de plata en el cuello con toneladas de cosas colgando, como un aro de plástico de una maquina expendedora de chicles, un imperdible y un montón de amuletos que no podía distinguir, ya que estaba muy lejos. Una chica cuyo aspecto no era el de una chica de Gatlin. No podía quitarle los ojos de encima.
La sobrina de Macon Ravenwood. ¿Qué era lo que me estaba pasando?

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Mensaje  tatyanajonas Miér Abr 06, 2011 11:08 pm

4 Capitulo: UN AGUJERO EN EL CIELO (2/2)
(2 de septiembre)


Se colocó los rizos oscuros detrás de la oreja y la luz fluorescente se reflejó en la laca negra de sus uñas. Tenía las manos manchadas de tinta negra, como si hubiera apuntado cosas en ellas, y caminó por el pasillo como si fuéramos invisibles. Tenía los ojos más verdes que había visto en mi vida, tan verdes que incluso parecía un color que alguien hubiera acabado de inventar.
-Vaya, pues sí que está buena -comentó Billy.
Sabía lo que estaban pensando. Durante un segundo, consideraron la idea de largar a su novias para tener una oportunidad con ella. Durante un segundo, se convirtió en una posibilidad.
Earl le echó un vistazo de reojo y depués cerró bruscamente la puerta de su taquilla.
-Siempre que ignores el hecho de que es un bicho raro.
Había algo chungo en la manera que lo dijo, o más bien, en el motivo por el cual lo hizo. Era un bicho raro porque no era de Gatlin, porque no andaba como loca por entrar en el equipo de animadoras, porque ella no le había vuelto a mirar, o más bien ni siquiera se había dignado hacerlo. Cualquier otro día le hubiera ignorado y hubiera cerrado el pico, pero ése no estaba por callarme.
-Así que eso la convierte automáticamente en un bicho raro, ¿no? ¿porque no tiene uniforme, el pelo rubio y la falda corta?
El rostro de Earl era transparente. Ésa era una de esas veces en las que se suponía que tenía que seguirle la corriente y yo no estaba cumpliendo con mi parte en aquel acuerdo tácito.
-Porque es una Ravenwood.
El mensaje era claro. Estaba buena, pero que no se te ocurriera pensar en ella. Ya había dejado de ser una posibilidad. Aun así, eso no evitó que la miraran, y eso era lo que estaban haciendo todos. Todos los que estaban en el pasillo mantuvieron las miradas fijas en ella como si fuera un ciervo ante la mira de un rifle de caza.
Pero ella siguió caminando, con el collar tintineando alrededor del cuello.
Unos minutos mas tarde yo estaba de pie en la puerta de mi clase de ingles y ella, _____ Duchannes, también. La chica nueva, que probablemente seguiría recibiendo ese nombre dentro de cincuenta años si es que no la llamaban la sobrina del Viejo Ravenwood, le entregó una hoja de papel rosa a la señora English, que bizqueó al intentar leerlo.
-Se han hecho un lío con mi horario y no me han puesto clase de inglés -le explica ella-, pero me han colocado dos horas de historia de Estados Unidos, y yo ya la he cursado en el otro instituto.
Sonaba fustrada e intenté no sonreír. Ella nunca había dado historia de Estados Unidos, al menos no como la enseñaba el señor Lee.
-De acuerdo, siéntese donde pueda.
La señora English le dio una copia de Matar a un ruiseñor. Parecía que el libro nunca se había usado, lo cual seguramente había ocurrido desde que conviertieron la novela en pelicula.
La chica nueva alzó la mirada y me pillo observandola. Yo aparté los ojos pero ya era demasiado tarde. Me las apañé para no sonreír, pero me sentía avergonzado y es sòlo sirvió para que sintiera aún más. Ella no pareció darse cuenta.
-Gracias, pero he traído el mío. -Sacó una copia en tapa dura con un árbol grabado en la portada. Parecía realmente viejo y usado, como si lo hubiera leído más de una vez-. Es uno de mis favoritos.
Hizo el comentario como si aquello no fuera una rareza, y en ese momento me quedé mirándola.
Sentí como si una apisonadora me hubiera pasado por encima y Emily atravesó el umbral de la puerta como si yo no estubiera allí, que era su manera de decir <hola> y esperar que la acompañara hacia el fondo de la clase, donde estaban todos nuestros amigos.
La chica nueva se sentó en un sitio vacío de la primera fila, en la Tierra de Nadie que se extendía delante de la mesa de la señora English. Una mala decisión. Todo el mundo sabía que no había que sentarse allí. La señora English tenía un ojo de cristal y un oído terrible, algo lógico cuando la familia de uno tiene el único campo de tiro del condado. No podía verte ni dirigirse a ti si te sentabas en un sitio cualquiera que no fuera el de delante de ella. ______ iba a tener que contestar las preguntas de toda la clase.
Emily hizo un gesto de diversión, cambió de dirección hasta pasar junto a ella y le dio un golpe al bolso de _____, que se cayó a un lado del pasillo.
-Vaya. -Emily se agachó, y recogió un manoseado cuaderno de espiral tan roto que estaba a punto de perder la cubierta. Lo alzó como si fuera un ratón muerto-. ______ Duchannes. ¿Ése es tu nombre? pensé que era Ravenwood.
______ alzó la mirada lentamente.
-¿Puedes devolverme mi cuaderno?
Emily hojeó las páginas con descuido, como si no la hubiera escuchado.
-¿Éste es tu diario? ¿Eres escritora? Oye, eso es genial.
______ alargó la mano.
-Por favor.
Emily lo cerro de golpe y lo apartó para que no pudiera alcanzarlo.
-¿Puedo pedírtelo un minuto? Me encantaría leer algo que hayas escrito.
-Quiero que me lo devuelvas ahora mismo. Por favor.
______ se puso de pie. Las cosas se estaban poniendo interesantes. La sobrina del Viejo Ravenwood estaba enterrándose en la clase de agujero del que luego no habría escapatoría; nadie tenía una memoria como la de Emily.
-Primero tendrías que aprender a leer.
Le quité el diario a Emily de las manos y se lo devolví a ______
Después me senté en el pupitre de al lado, justo en la Tierra de Nadie. En el lado del ojo bueno. Emily me miró con incredulidad. No sé por qué lo hice. Estaba tan estupefacto como ella. Jamás en mi vida me había sentado en la parte de delante de ninguna clase. El timbre sonó antes de que Emily pudiera decir nada, pues eso no importaba; yo sabía que ya las pagaría todas juntas despues. _____ abrió el cuaderno y nos ignoró a los dos.
La señora English alzó la mirada.
-¿Podemos empezar, chicos?
Emily se fue con el rabo entre las piernes hacia su asiento en la parte de atras, bien lejos de las primeras filas, donde no tendría que contestar preguntas durante todo el año y también muy lejos de la sobrina del Viejo Ravenwood. Y ahora, también lejos de mi. Eso me resultó liberador, incluso aunque tuviera que analizar la relación de Jem y Scout durante cincuenta minutos sin haberme leído el capítulo.
Cuando sonó el timbre, me volví para mirar a _____. No sé que me había imaginado que iba a decir. Quizás esperaba que ella me lo agradeciera. Pero no dijo nada y metió los libros en su cartera.
<156> No era una palabra lo que había escrito en el dorso de su mano.
Éra un número.
______ Duchannes no me volvió a dirigir la palabra, al menos no ese día, ni siquiera esa semana, pero eso no evitó que pensara en ella o que la viera prácticamente en todas partes, aunque intentara no mirar. No era exactamente que eso me molestara. Tampoco era por su aspecto o por el hecho de que fuera guapa, a pesar de que siempre llevara ropas inadecuadas o esas viejas zapatillas. No era tampoco por lo que decía en clase, que era algo que nadie se hubiera atrevido a pensar y, de haberlo hecho, no se hubiera atrevido a decir. Ni siquiera que era diferente al resto de chicas del Jackson, pese a lo obvio que eso resultaba.
Era porque me hacía darme cuenta de lo mucho que me parecía yo a ellos, anque quisiera simular que no era asi. Había llovido todo el día y estaba sentado en la clase de cerámica, también conocida como SG, sobresaliente garantizado, porque te ponían la nota en función del esfuerzo y no de los resultados. Me había matriculado en cerámica la pasada primavera porque tenía que cursar algunas asignaturas de arte y, desde luego, bajo ningún concepto pensaba meterme en la banda de música que ensayaba ruidosamente en el piso de abajo, dirigida por la delgadísima y siempre llena de entusiasmo señorita Spider. Savannah se sentaba a mi lado. Yo era el único chico de la clase, y como era chico no tenía ni idea de lo que se suponía que teníamos que hacer a continuación.
-Hoy experimentaremos, y no os voy a poner nota. Sentid la arcilla, liberdad la mente. Ignorad la música que viene del piso de abajo. -La señora Abernathy se estremeció cuando la banda masacró una canción parecida a Dixie-. Sentidlo profundamente, abrid un camino hasta vuestra alma.
Me coloqué al lado del torno de alfarero y me quedé mirando la cerámica cuando empezó a girar delante de mí. Suspiré. Esto era casi tan malo como la banda. Cuando la clase se quedo en silencio y el zumbido de los tornos ahogó el rumor de la conversación de las filas de atrás, cambió la música del piso de abajo. Oí un violín, o quizás uno de esos violines grandes, una viola, creo. El sonido era hermoso y triste a la vez, además de perturbador. Desde luego, había mucho mas talento en aquela desnuda melodía que lo de la señorita Spider había tenido el placer de dirgir en su vida. Mire a mi alrededor; nadie parecía escuchar la música. El sonido se deslizó bajo mi piel.
Reconocí la música y, al cabo de pocos segundos, comencé a escuchar las palabras en mi mente, tan claras como si las estuviera oyendo en mi iPod, pero esta vez la letra había cambiado:

Dieciséis lunas, dieciséis años
con el sonido del trueno en tus oídos.
Dieciséis millas hasta el reencuentro con ella.
Dieciséis que buscan lo que dieciséis temen.

Me quedé mirando la arcilla que giraba delante de mi hasta que el butlo se deformó. Cuanto más intentaba concentrarme, mas se difuminaba la habitacion a mi alrededor, hasta que pareció que la arcilla arrastraba en sus giros a la clase, la mesa y mi silla con ella. Era como si todos estuviéramos conectados en un giro continuo, al compás del ritmo de la melodía procedente de la clase de música. La habitación desapareció de mi visión. Alcé una mano y, con lentitud, pasé un dedo por la arcilla.
Y entonces hubo un relámpago y la clase que giraba se diluyó dando paso a otra imagen...
Yo caía.
Ambos caíamos.
Había regresado a mi sueño. Veía su mano, y veía la mía aderrándose a ella, con los dedos clavados en su piel, en su muñeca, en un intento desesperado por sujetarla, pero se me escapaba y podia sentir cómo sus dedos se me escurrían de la mano.
<¡No me sueltes!>
Quería ayudarla, sostenerla, más de lo que había querido nada en mi vida. Y en ese momento ella se escurrió de entre mis dedos...

-¿Qué estas haciendo, Nick? -Preguntó la señorita Abernathy con preocupación.
Abrí los ojos e intenté enfocar la mirada y recobrarme. Había tenido este sueño desde que mi madre murió, pero ésa fue la primera vez que lo tuve durante el día. Me quedé mirando la mano, llena de arcilla gris que empezaba a secarse. Pero la huella que había en el torno tenía la impronta de una mano, como si yo hubiera aplastado lo que estaba haciendo. La observé más de cerca. Esa mano no era la mía, sino que era mucho mas pequeña. Era la de una chica.
Su mano.
Miré bajo mis uñas, ahí estaba la arcilla que se había desprendido de su muñeka.
-Nick, al menos podrías hacer el intento.
La señora Abernathy me puso la mano en el hombro y me sobresalté. Al otro lado de las ventanas se oía el retumbar de un trueno.
-Señorita Abernathy, creo que está comunicándose con su alma -dijo Savannah entre risitas, inclinándose para ver mejor-. Y creo que te esta diciendo que necesitas una manicura, Nick.
Las chicas situadas a mi alrededor se echaron a reír. Aplasté la huella con el puño, convietiéndola en una masa informe. En cuanto sonó el timbre, me levanté, me restregué las manos en los vaqueros, cogí la mochila y salí a toda prisa de la clase, resbalando con las zapatillas mojadas al doblar por la curva para salir.
Luego, tropecé con los cordones que llevaba desatados cuando baje corriendo los dos tramos de escaleras que había hasta la sala de música. Tenía que saber si me lo había imaginado.
Empujé las puertas de la clase de música con ambas manos. El escenario estaba vacío y la clase desfilaba para salir. Yo iba contracorriente, intentando entrar cuando todo el mundo quería salir. Inhalé una gran bocanada de aire, pero ya sabñia lo que iba a oler antes de hacerlo.
Limones y tomillo.
En el escenario, la señorita Spider recogía las partituras, dispersas por encima de las sillas de tijera que usaba aquella pensa orquesta.
-Perdone, señorita, ¿quién tocaba esa... esa canción? -pregunté.
Ella me dirigió una sonrisa.
-Hemos tenido una maravillosa nueva adquisición en la sección de cuerda. Una viola. Acaba de mudarse a nuestra ciudad...
No. No podía ser. Ella no.
Me volví y eche a correr antes de que pronunciara su nombre.

Cuando sonó el timbre de la octaba hora, Link me estaba esperando enfrente de las taquillas. Se pasó los dedos por su pelo de punta y se estiró la desteñida camiseta de Black Sabbath.
-Link, colega, necesito que me dejes las llaves.
-¿Y que hay del entrenamiento?
-No puedo. Tengo que hacer algo.
-Pero, tío, ¿de qué estás hablando?
-Necesito las llaves.
Tenía que salir de allí como fuera. Había tenido todos eso sueños, había escuchado aquella música y ahora perdía el conocimiento en mitad de la clase, si es que eso era lo que me había ocurrido. No sabía que era lo que me estaba pasando, pero lo que si sabía era que no podía ser nada bueno.
Si mi madre aun estuviera viva, probablemente se lo habría contado todo. Pero ya no estaba y mi padre vivia encerrado en su estudio. Si se me ocurría decirle algo a Amma, empezaria a echar sal por toda mi habitación durante un mes por lo menos.
Solo dependía de mi.
Link me dio las llaves.
-El entrenador te va a matar.
-Lo sé.
-Y verás cuando Amma se entere.
-También lo sé.
-Te va a patear el culo todo el camino hasta la frontera del condado. -Me despidió con la mano cuando cogí las llaves-. No hagas tonterias.
Me volví y salí disparado. Demasiado tarde....







ESPEROO QUE OS GUUUUSTEEEE bounce bounce
y comentar porfaa.. aunqe sea spam Sad

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Mensaje  tatyanajonas Jue Abr 07, 2011 5:29 pm

Bueno... creo que el capitulo 5 sera el útlimo si no veo coments Sad Sad
no me gusta dejar las cosas a medias, pero si no comentais no vale la
pena que lo escriba Mad Sad así que os dejo el 5 y sino comentais ahí se quedara
sorry... y si la sigo es por mi ÚNICA lectora y solo si me lo pide I love you

ahí va tongue


5 Capitulo: COLISIÓN (1/2)
(11 de septiembre)



Cuando llegué al coche, estaba empapado. La tormenta había ido en aumento a lo largo de toda la semana. Había alerta por mal tiempo en todas las emisoras de radio que pude captar, lo cual no era mucho si tenemos en cuenta que el Cacharro sólo cogía tres. Las nubes se habían vuelto completamente negras y, como estábamos en epoca de huracanes, no era algo para tomarse a la ligera, pero no me importó. Necesitaba aclararme y pensar qué estaba ocurriendo, aunque ni por asomo sabía como. Tuve que dar las luces hasta para salir del aparcamiento. No se veía a mucho más de un metro por delante del coche. No era un día para conducir; los rayos atravesaban el cielo oscuro que se extendía ante mi. Conté, como Amma me había enseñado hacía unos años -uno, dos y tres- y el trueno estalló, lo que significaba, según los cálculos de Amma, que la tormenta no andaba a más de cuatro o cinco kilómetros.
Me detuve en el semaforo que había en el Jackson, uno de los tres existentes en todo el pueblo. No se me ocurría que hacer. La lluvia golpeaba ruidosamente el coche. La radio permanecía estática, pero escuché algo. Subí el volumen y la canción fluyó por aquellos altavoces de mierda.
Dieciséis lunas.
La canción que había desaparecido de mi lista de reproducción. Ese tema que nadie parecía oír y que _____ Duchannes había tocado con la viola. La canción que me estaba volviendo loco.
El semaforo cambió a verde y el Cacharro arrancó tambaleándose por el camino. Estaba en marcha y no tenía ni la menos idea de adonde iba.
Los relampagos continuaron atravesando el cielo. Conté: uno, dos. La tormenta se estaba acercando. Puse en marcha los limpiaparabrisas, pero no servían de nada. Apenas podía ver más allá de la mitad de la manzana. Un rallo centelleó de nuevo. Conté: uno. El trueno retumbó sobre el techo del Cacharro y la lluvia se volvió horizontal. Las gotas golpeaban sobre el parabrisas con tanta fuerza que parecía que se iba a romper en cualquier momento, lo cual, considerando el estado en el que se encontraba el coche, no habría sido raro.
Yo no perseguía la tormenta, era ella la que me perseguía a mí y al final me había alcanzado. Apenas podía mantener las ruedas sobre la calzada y el Cacharro comenzó a patinar de forma errática de un lado a otro entre las dos calles que daban a la Ruta 9.
No veía nada. Pisé a fondo el freno, dando vueltas en la oscuridad. Las luces fluctuaron apenas durante un segundo y un par de grandes ojos verdes me devolvieron la mirada desde la mitad de la calzada. A primera vista me pareció un ciervo, pero me había equivocado.
¡Había alguien en la carretera!
Sujeté el volante con ambas manos, con la mayor fuerza posbile, y mi cuerpo se estampó contra el lateral del coche.
Ella tenía la mano extendida. Cerré los ojos esperando el impacto, pero éste no tuvo lugar.
El Cacharro se detuvo con una sacudida, a no más de un metro. Las luces formaron un pálido circulo de luz en la lluvia, reflejandose en unos de esos baratos chuvasqueros de plástico que se pueden comprar a 3 dolares en la tienda. Era una chica.
Lentamente, se apartó la capucha del rostro, dejando que la lluvia le cayera sobre la cara. Ojos verdes, pelo negro.
_____ Duchannes.
No podía respirar. Sabía que ella tenía los ojos verdes, porque los había visto antes, pero esta noche tenían un aspecto diferente, distintos a otros ojos cualquiera que yo hubiera visto antes. Eran muy grandes y de un verde antinatural, un verde electronico, como los relampagos de la tormenta. Allí debajo de pie bajo la tempestad, ni siquiera parecía humana.
Salí a trompicones del coche hacia la lluvia, dejando el motor en marcha y la puerta abierta. Ninguno de los dos dijo una palabra, y nos quedamos de pie en mitad de la Ruta 9 debajo de esa clase de diluvio que sólo se veía cuando hay un huracan o una borrasca del noreste. La adrenalina me corría por las venas y tenía los músculos en tensión, como si mi cuerpo aún esperara el golpe. El pelo de ______ chorreaba agua y revoloteaba bajo el soplo del viento. Di un paso hacia ella y su cabello me azotó. Olía a limones y a tomillo mojados. De repente, el sueño regresó, como si fuera una ola que pasara sobre mi cabeza. Esa vez, cuando ella me cogió de la mano, había visto su rostro por única vez.
Ojos verdes y pelo negro. Lo recordaba. Era ella, y ahora la tenía de pie justo delante de mí.
Tenía que asegurarme. así que la cogí de la muñeca y allí estaban aquellos diminutos arañazos en forma de media luna, justo donde mis dedos se habían aferrado a su muñeca durante el sueño. Cuando la toqué, una descarga electrica me recorrió el cuerpo. Cayó un rayo sobre un árbol situado a poco más de tres metros de donde estábamos y partió el tronco limpiamente por la mitad. Éste comenzó a arder.
-¿Éstás loco? ¿Tan mal conductor eres?
Se apartó de mí, con los ojos verdes centelleantes...¿de ira? De lo que fuera.
-Eres tú.
-¿Qué era lo que pretendías? ¿Matarme?
-Eres real.
Sentía las palabras extrañas en mi lengua, como si la tuviera llena de algodón.
-Pues casi soy un cadaver, por tu culpa.
-No estoy loco. Creí que me estaba volviendo loco, pero no. Eres tú. Estabas justo ahí, delante de mí.
-No por mucho tiempo.
Me dió la espalda y comenzó a andar por la calzada. Ésta no era la manera en que había pensado que nos encontraríamos.
Corrí hasta caminar a su lado.
-Has sido tú la que ha aparecido de la nada y se ha colocado en mitad de la calle.
Hizo un gesto de depedida con el brazo como si lo que estuviera rechazando fuera algo más que esa idea. En ese momento distinguí el largo coche negro en las sombras. El coche fúnebre, con la capota alzada.
-¿Ah, si? Estaba buscando a alguien que me ayudara, pedazo de genio. El coche de mi tío se ha parado. Sólo tenías que haber conducido por tu sitio en vez de intentar atropellarme.
-Tú eres la chica que aparece en mis sueños. Y la canción. Esa extraña canción que me encontré en el iPod.
______ se volvío y se puso enfrente de mí.
-¿Qué sueños? ¿Qué canción? ¿Estás borracho o me estás gastando alguna clase de broma?
-Sé que eres tú. Tienes esas marcas en la muñeca.
Ella dio la vuelta a la mano y se las miró, confusa.
-¿Estás? Tengo un perro. Pasa del tema.
Pero yo sabía que no estaba equivocado. Veía su rostro en mi sueño con toda claridad. ¿Como era posible que ella no lo supiera?
Se puso de nuevo la capucha y comenzó el largo paseo hacia Ravenwood bajo el diluvio. Me puse a su lado.
-Pues te doy un consejo. La próxima vez, no te bajes del coche en mitad de la calzada durante una tormenta. Llama al 911.
Ella dejó de andar.
-No voy a llamar a la policía. Se supone que no tengo que conducir. Solo puedo hacerlo con alguien y, de todos modos, tengo estropeado el móvil.
Desde luego, estaba claro que no era de aquí. La única manera de que la policia te detuviera en este pueblo era si te pillaban conduciendo por el lado contrario de la carretera.
La tormenta parecía arreciar. Tuve que gritar por encima del aullido de la lluvia.
-Déjame que te lleve a csa. No deberías andar por aquí.
-No, gracias. Esperaré a que aparezca el siguiente chico que me quiera atropellar.
-No va a aparecer ningún otro chico. Pasarán horas antes de que venga nadie por aquí.
Ella reanudó la marcha.
-No me importa, caminaré.
No podía dejarla vagabundeando por ahí bajo aquel diluvio. Mi madre me había criado demasiado bien para eso.
-No puedo dejar que regreses a casa con este tiempo tan malo. -Y como si quisiera darme la entradilla a una obra de teatro, el trueno estalló sobre nuestras cabezas y su capucha voló de nuevo-. Conduciré como si fuera mi abuela. O como si fuera la tuya.
-No dirias eso si conocieras a mi abuela.
El viento arreciaba y ella gritaba también.
-Vamos.
-¿Qué?
-El coche. Metete dentro. Conmigo.
Ella me miró y durante un segundo no estuve seguro de si iba a ceder.
-Será más seguro que ir caminando, sobre todo si eres tú quien conduce.

El Cacharro estaba empapado. A Link le iba a dar un ataque cuando lo viera. La tormenta sonaba diferente cuando nos metimos en el automóvil, mas alta y mas tranquila al mismo tiempo. Oía como la lluvia golpeaba el techo, pero el sonido quedaba ahogado por el latido de mi corazón y el castañeo de mis dientes. Puse el coche en marcha. Era consciente de la presencia de _____ a mi lado, solo a unos centimetros, en el asiento del copiloto. La miré a hurtadillas.
Aunque era un coñazo, era preciosa. Tenía unos verdes enormes. No podía hacerme una idea de por qué esta noche estaba tan distinta. Tenía las pestañas más largas que había visto en mi vida y su pálida piel aún lo hacía lo parecía más en contraste con su cabello negro. En el pómulo, justo debajo de su ojo izquierdo, distinguí una diminuta marca de nacimiento de color marrón claro en forma de luna creciente. No se parecía a ninguna otra persona del Jackson, ni a nadie que yo hubiera visto en mi vida. Se quitó el chubasquero mojado sacándoselo por la cabeza. Debajo llevaba una camiseta y unoos vaqueros negros que se le habían quedado tan pegados que parecía que se hubiera caído en una piscina. El chaquetón gris arrojó un chorro de agua sobre el asiento de piel sintética.
-Me es... estas mirando.
Aparté la mirada hacía el parabrisas o a cualquier lado menos donde estaba ella.
-Deberías quitarte eso, solo vas a conseguir enfriarte....










luego lo siigo Rolling Eyes ESPERO QUEE OS GUUSTEE!! bounce

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Mensaje  tatyanajonas Jue Abr 07, 2011 11:58 pm

5 Capitulo: COLISION (2/2)
(11 de septiembre)


La miré mientras luchaba con los delicados botones de plata del chaquetón, incapaz de controlar el temblor de sus manos. Alargué la mano y ella se encogió, como si hubiera intentado tocarla de nuevo.
-Pondré la calefacción.
Ella volvió a luchar con los botones.
-Gr... gracias.
Pude verle las manos, con más manchas de tinta que antes, pero ahora emborronadas por el agua. Adiviné unos cuantos numeros. Quizás un uno o un siete, un cinco y un dos. 152. ¿De qué iba eso?
Eché una ojeada al asiento posterior buscando la vieja manta del ejército que Link solía tener allí. En vez de eso, había un saco de dormir, probablemente de la última vez que mi amigo se metió en problemas en su casa y tubo que dormir en el coche. Olía a humo de hoguera y a moho de sótano, pero se lo ofrecí.
-Mmm, esto está mejor.
Cerró los ojos. Se relajó con el calor de la calefacción y yo también me sentí mejor mientras la observaba. Le dejaron de castañear los dientes, y después de eso, avanzamos en silencio. Sólo se oía la tormenta y el sonido de las ruedas arrojando agua en todas las direcciones al atravesar el lago en el que se había convertido la carretera. Ella trazó unas lineas con el dedo en la ventana empañada. Intenté mantener los ojos en la calzada mientras hacía todo lo posible por recordar el resto del sueño, algún detalle, alguna cosa que pudiera probarle que ella era eso, ella, lo que fuera, y que yo era yo.
Pero cuanto más los intentaba, más parecía alejarse de mí, hacia la lluvia, la carretera y las hectareas de campos de tabaco que pasaban a nuestro lado, plagados de anticuada maquinaria agricola y viejos graneros destartalados. Cuando llegamos a las afueras del pueblo, nos topamos con el desvío. Si torcías a la izquierda, hacia mi casa, ibamos al río, con todas aquellas casas restauradas de antes de la guerra alineadas a orillas del Santee. También era la manera de salir del pueblo. Cuando llegamos a la bifurcación, automaticamente comencé a girar hacia la izquierda, por puro hábito. A la derecha spñp estaba la plantación Ravenwood y nadie iba allí nunca.
-No, espera. Gira hacia la derecha -me corrigió ella.
-Oh, claro. Perdona.
Me sentí fatal. Subimos a la colina hacia la gran casa, la mansión Ravenwood. Había estado tan concentrado en su papel en el sueño que se me había olvidado quien era en realidad, La chica con la que llevaba soñando meses, la chica en la que no podía dejar de pensar era la sobrina del Viejo Ravenwood. Y yo la llevaba hacia la Mansión Encantada, pues así era como la llamábamos.
Tal como yo la había llamado.
Ella bajó la mirada hacia sus manos. Yo no era el único que sabía que vivia en la Mansión Encantada. Me pregunté qué sería lo que había oído de ella en los pasillos, si sabía lo que todo el mundo decía de ella. Y aquella mirada incómoda en su rostro revelaba a las claras que si. No sé por qué, pero no podía soportar verla así. Intenté pensar en algo para romper el silencio.
-¿Por qué te has mudado a vivir aquí con tu tío? Por lo general, la gente se las apaña para irse de Gatlin, casi nadie viene a vivir aquí.
Advertí el alivio en su voz.



______________________________________________________


no sta acabado... mañana lo siigo... SORRY I love you

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Mensaje  tatyanajonas Vie Abr 08, 2011 4:40 pm

CONTINUACIÓN DEL 5 CAPITULO....




Advertí el alivio en su voz.
-He vivido en un montón de sitios: Nueva Orleans, Savannah, los Cayos de Florida y unos cuantos meses en Virginia. Incluso he llegado a vivir en las islas Barbados durante un tiempo.
Me dí cuenta que no había respondido a la pregunta, pero no pude evitar pensar que yo habría matado por vivir en algún lugar de esos, aunque solo fuera durante un verano.
-¿Dónde están tus padres?
-Han muerto.
Sentí un peso en el pecho.
-Lo siento.
-No pasa nada. Murieron cuando yo tenía dos años, y nisiquiera les recuerdo. He vivido con un montón de parientes, sobre todo con mi abuela, pero se ha do de viaje durante unos cuantos meses. Por eso tengo que quedarme con mi tío.
-Mi madre murió también, en un accidente de coche.
No tenía ni idea de por qué se lo había dicho, ya que me pasaba la mayor parte del tiempo intentando no hablar del tema.
-Lo siento.
No le dije que todo iba bien. Tuve la intuición de que era la clase de chica que sabía que eso no era así.
Paramos frente a una verja negra de hierro forjado maltratada por el tiempo. Delante de mí se extendían, sobre la colina y apenas visibles una capa de niebla, los restos destartalados de la casa mas antigua e importante de Gatlin, la Mansión Ravenwood. Nunca había estando tan cerca como ahora. Apagué el motor. La tormenta había amainado hasta convertirse en una especie de llovizna suave pero constante.
-Mira, parece que se han ido los rayos.
-Estoy segura que hay más en el lugar de donde venían éstos.
-Quizá. Pero no esta noche.
Sus ojos tenían un aspecto distinto. Habían perdido aquel verde tan intenso, y también parecían algo más pequeños, no pequeños en realidad, simplemente eran más normales.
Comencé a abrir mi puerta para acompañarla hasta la casa.
-No, no lo hagas. -Parecía avergonzada-. Mi tío es un poco tímido.
Lo cual no dejaba de ser un eufemismo.
Yo tenía la puerta medio abierta y la suya esta igual. Nos estábamos mojando cada vez mas, pero nos quedamos allí sentados sin decir nada. Sabía lo que quería decir, y tambíen que no podía hacerlo. Ignoraba porque estaba allí sentado, empapado, delante de la Mansión Ravenwood. Nada tenía sentido, pero solo sabía una cosa. Una vez condujera de vuelta colina abajo y girara en dirección a la Ruta 9, todo volveria a cambiar y a ser como antes. Todo volvería a tener sentido. ¿O no?
Ella habló primero.
-Supongo que debo darte las gracias.
-¿Por no atropellarte?
Ella sonrió.
-Ah, si, claro. Y por traerme.
Me quedé mirando como me sonreía, casi como si fueramos amigos, lo cual era imposible. Empecé a sentir una especie de claustrofobía, tenía que salir de allí de alguna manera.
-No es nada. Quiero decir, es guay. No te preocupes.
Me puse la capucha de la sudadera de baloncesto, del mismo modo que hacía Emory cuando había alguna chica y ella intentaba hablar con él en el vestibulo del instituto.
Ella me miró, sacudiendo la cabeza, y me alargó el saco de dormir con cierta rudeza. Ya no sonreía.
-Como quieras. Ya nos veremos por ahí.
Me dio la espalda; se deslizó a través de la verja y corrió por el camino empinado y fangoso que iba hacia la casa. Yo cerré de un portazo.
El saco de dormir estaba en el asiento. Lo cogí para echarlo en el asiento posterior. Todabía olía un poco a moho y humo. pero también otro poco a limón y tomillo. Cerré los ojos. Cuando los abrí, ella ya estaba a medio camino de la entrada.
Bajé la ventanilla.
-Tiene un ojo de cristal.
_____ se volvió y me miró.
-¿Qué?
-La señora English -grité mientras la lluvia se colaba en el coche-. Tienes que sentarte al otro lado o te preguntará.
Ella sonrió y la lluvia se deslizó por su rostro.
-A lo mejor me gusta hablar.
Se volvió hacia Ravenwood y subió coriendo los escalones de la entrada.
Salí del coche marcha atrás y conduje de vuelta al desvío para girar en la dirección que lo hacía siempre siempre y tomar la carretera de toda la vida. Hasta ese mismo día. Vi algo que brillaba en un pliegue del asiento. Un botón de plata.
Me lo guardé en el bolsillo, y me pregunté con que soñaría esta noche.....................









spero que os guustee! tongue

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Mensaje  tatyanajonas Lun Abr 11, 2011 4:02 pm

Heelloooo flowerssss flower
Bueeno pues he estado pensando y seguire subiendo capis para quien los lee
y no dejarlas asi confused ??
pero me haría mucha ilusion que comentarais.. pero bueno no se puede pedir todo Sad
Ahora les dejo el 6 capitulo, y espero que os guste I love you

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Mensaje  tatyanajonas Lun Abr 11, 2011 5:55 pm


6 Capitulo: CRISTALES ROTOS
(12 de septiembre)



Nada.
Había sido una noche larga, sin sueños, la primera en mucho tiempo. Cuando me desperté, la ventana estaba cerrada, no había lodo en mi cama ni canciones misteriosas en mi iPod. Lo comprobé dos veces. Incluso la ducha olía sólo a jabón.
Me quedé en la cama, mirando hacia el techo azul, pensando en ojos verdes y pelo negro, en la sobrina del Viejo Ravenwood, en _____ Duchannes, cuyo apellido rimaba con lluvia.
¿Cómo podía cualquier chico apartarse de ella?
Cuando Link aparcó, le estaba esperando en el bordillo. Al subirme al coche, mis zapatillas se hundieron en la alfombrilla mojada, lo que hacía que el Cacharro oliera incluso peor de lo que era habitual. Link sacudió la cabeza.
-Lo siento, tío. Intentaré secarlo en cuanto terminemos las clases.
-Como quieras, pero hazme el favor de no descarrilar, o todo el mundo empezará a hablar de ti en vez de la sobrina del Viejo Ravenwood.
Durante un segundo, consideré la idea de guardármelo para mí, pero necesitaba contárselo a alguien.
-La he visto.
-¿A quién?
-A _____ Duchannes.
Se quedó en blanco.
-La sobrina del Viejo Ravenwood.












... se qe esta muy corto ...
pero no puedo sorry....
luego lo sigo Razz

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